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Ser llenos del Espíritu hasta revosar.

INVITAMOS A TODOS LOS HIJOS DE DIOS ESCUCHAR LA PALABRA QUE TANTO NECESITAMOS YA QUE EN ELLA HAY ESPIRITU Y VIDA (JUAN 6:63) EN UNA RADIO ON LINE: www.radio920.com

UNA PALABRA DIFERENTE LLENA DE CONTENIDO Y REALIDAD, LE INVITO QUE PUEDA ESCUCHAR ESTA RADIO  HORA DE CHILE TODOS LOS DOMINGOS DESDE LAS 11:30 DE LA MAÑANA HASTA LAS 13:00 HORAS DEL MEDIO DÍA. NECESITAMOS DE LA PALABRA YA QUE ELLA ES UNA ESPADA DE DOBLE FILO QUE SEPARA EL ALMA DEL ESPIRITU, LA LUZ DE LAS TINIEBLAS, LAS COSAS CELESTIALES DE LAS COSAS TERRENALES, AMÉN.

 

Leer con oración.

 

“Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo” Juan 20:22

 

 

SER LLENOS DEL ESPÍRITU HASTA REBOSAR.

 

En los últimos seis meses, hemos estudiado el libro de los Hechos de los Apóstoles con respecto a  la vida, principalmente en cuanto al encargo de Dios que recibimos: la obra de expansión. Para dicha obra necesitamos del Espíritu de poder, no sólo en cuanto a Su derramamiento, como fue en Pentecostés, ya que la necesidad de aquella ocasión fue para enfrentar esa situación (Hch 2:4).

 

Las personas que oyeron el evangelio predicado por Pedro en el día de Pentecostés, eran las mismas que cincuenta días antes habían dicho: “¡Crucifícale!”. Por tanto, habiendo pasado tan pocos días, sería absurdo pedirles que creyesen en el Señor. Por eso el Espíritu Santo tuvo que derramarse sobre los discípulos en Su aspecto de poder. Lenguas como de fuego descendieron sobre ellos, haciendo que éstos ciento veinte galileos, personas sin mucha instrucción, tuviesen elocuencia, y sin miedo alguno predicasen que Jesús era el hijo de Dios. El Espíritu se derrama de acuerdo con la necesidad. En esa época, existió esa necesidad. Nosotros también necesitamos hoy del Espíritu de poder, por un lado, para enfrentar las necesidades de la expansión; y por otro, para resistir los ataques del enemigo.

 

No obstante, no estamos hablando del derramamiento del espíritu en Su aspecto pentecostal, el cual tenía un efecto temporal: cuando había el derramamiento, había poder; cuando no había derramamiento, no había poder. Hoy sentimos que ese poder necesita que salga de nosotros, que proceda de nuestro interior. El Espíritu fue concedido a los discípulos el caer la tarde del día de la resurrección. Ese día el Señor se les apareció, sopló en ellos y recibieron el Espíritu Santo (Juan 20:22). No fue algo derramado de lo alto, sino que vino por el soplo del Señor.

 

De esta manera, vemos que los discípulos recibieron el Espíritu Santo en dos aspectos: primero, interiormente como vida, a través del soplo del Señor; segundo, exteriormente cuando fue derramado y los revistió en Su aspecto económico, de poder. Cuando el espíritu es derramado, hay poder, pero ese poder es temporal. Sin embargo, lo que necesitamos es el poder del Espíritu que habita por siempre en nosotros, ya que el Señor entró en nosotros como el espíritu vivificante, que da vida (1 Corintios 15:45).

 

El Espíritu en nuestro interior necesita crecer y expandirse para que las tres partes de nuestra alma(mente. emoción y voluntad) sean saturadas y estén llenas de Él. Expandiéndose más y más, alcanzará a todo nuestro cuerpo mortal, para que esté lleno de vida. Necesitamos permitir que el Espíritu nos llene hasta rebosar. Cada vez que ejercitamos nuestro espíritu, el Espíritu llena todo nuestro ser, saturándolo de vida. Necesitamos de ese tipo de poder, que no es temporal, que dura sólo un determinado tiempo y luego se pierde. El Espíritu, que ya está en nuestro espíritu, está lleno de poder, por eso, necesitamos llenarnos para que Él sea liberado y rebose ¡Alabado sea el Señor!

 

ESTA PALABRA DE HOY ES, SER LLENOS DEL PODER DEL ESPÍRITU PARA DENTRO DE NOSOTROS, que el         Señor nos fortalezca en esta palabra, amén

 

 

 

 

 

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Las setenta semanas de Daniel.


 

LAS SETENTA SEMANAS DE DANIEL

 

“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y  sellar  la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas” (Dn 9:24-25).

 En esta profecía, las setenta semanas no son semanas de días, y sí semanas de años. Las primeras siete semanas, cada semana siendo siete años, son cuarenta y nueve años. Desde el tiempo del decreto del rey de Persia hasta la reedificación de la ciudad de Jerusalén, hubo un periodo de cuarenta y nueve años. Y el periodo desde la reedificación d Jerusalén hasta el día de la crucifixión de Cristo fue de sesenta y dos semanas”, es decir, cuatrocientos treinta y cuatro años, con semanas de siete años. La crucifixión de Cristo es mencionada en Daniel 9:26, que dice: “Y después de las sesenta semanas se quitará la vida al Mesías”. Así, este es el tiempo decorrido desde el fin d la reedificación de Jerusalén hasta la crucifixión del Mesías. Desde la crucifixión de Cristo, el ejército del Imperio Romano bajo el comando de Tito destruyó Jerusalén.

 Las “siete semanas” y las “sesenta y dos semanas” de Daniel 9:25 ya se cumplieron. De las “setenta semanas” de la profecía de Daniel sobre el pueblo de Israel (v24), hasta el final de ésta, está faltando “una semana”, es decir, siete años. Esta semana sucederá en la consumación de esta era. Hay, por lo tanto un intervalo indeterminado entre el final de las “sesenta y nueve semanas” y la “última semana”, es decir, entre la crucifixión de Cristo y el fin de esta era.

 

LA INTERRUPCION DE LA HISTORIA DE ISRAEL

Desde que nuestro Señor Jesucristo vino a la tierra, debido al rechazo de Israel, la puerta de la salvación se abrió no sólo a todos los que creen entre los judíos, sino también a los gentiles. Después de su muerte y resurrección El produjo la iglesia. Por lo tanto, Israel al rechazar al Mesías, que ya vino, su historia dejó de ser escrita a los ojos de Jehová, hasta ser retomada al final de esta era. En este intervalo es el turno de la iglesia; es ella quien llevará a cabo el propósito eterno del Señor y concluirá esta era. Por eso el Señor dijo: Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mt 24:14). Nosotros somos la iglesia, debemos cumplir nuestra misión de predicar el evangelio del reino por todo el mundo, para testimonio a todas las naciones. A pesar que los últimos cambios en la situación mundial, en la parte económica y geopolítica indican claramente la cercanía del fin de los tiempos, sin embargo todo tendrá que esperar que la iglesia cumpla la incumbencia del Señor. Sólo después así vendrá el fin. Fue con este fin que el Señor Jesús, después de Su resurrección, dijo a sus discípulos: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28: 18-20).

 

Si nosotros, como la iglesia del Señor, no estuviésemos concientes de esta responsabilidad, viviendo cada uno según el propio interés, lamentablemente El tendrá que esperar. Pero si diligentemente predicamos el evangelio, enseñamos la verdad y edificamos el Cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguen a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Ef 4:12-13), seremos aquellos que no solamente esperan, sino que apresuran la venida del día de Dios (2 P 3:12).

LA ULTIMA SEMANA

Solamente cuando la iglesia cumpla su parte es que será retomada la historia de Israel. Ella fue interrumpida con la muerte de Cristo y la destrucción  de Jerusalén por Tito, el cual es una prefigura del Anticristo venidero. La duración de esa interrupción es desconocida. Pero será retomada cuando el Anticristo hiciere un pacto con los judíos por “una semana”, es decir, siete años. Daniel 9:27 dice: “Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador”. Esto indica que en este acuerdo el Anticristo dará libertad a los judíos para adorar a Dios. Sin embargo, después de tres años y medio él cambiará de actitud. La quiebra del pacto sucederá cuando Satanás, el gran dragón, la serpiente antigua, sea arrojada a la tierra y sus ángeles con él (Ap 12:9). Y él dará poder y autoridad al Anticristo (Ap 13:1-6). El Anticristo se exaltará así mismo sobre todos los dioses y será adorado como un dios por los habitantes de la tierra (v 8). Así será que él cesará los sacrificios y fiestas del pueblo de Israel, y contaminará el templo. Esto durará exactamente los restantes tres años y medio del pacto, que son los cuarenta y dos meses referidos en Apocalipsis 13:5, y los tres años y medio (un tiempo, y tiempos y la mitad de un tiempo) en Apocalipsis 12:14, como también mil doscientos sesenta días en Apocalipsis 11:3 y 12:6, las cuales abarcan el tiempo de la gran tribulación (Mt 24:21).

 

En Mateo 24:15 dice: “Cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel”. El Anticristo introducirá tanto abominación como ídolos, así desolación como destrucción, demoliendo tanto el templo como la ciudad de Jerusalén. Será de esta manera que el Anticristo tratará con los judíos.

 

 EL ANTICRISTO

El Anticristo, el ángel del abismo, será el rey de las langostas endemoniadas. Su nombre en hebreo es Abadón y en griego Apolión (Ap 9:1-11). Abadón significa destrucción y Apolión, destruidor. Satanás, sabiendo que sólo le quedan tres años y medio, usará al Anticristo para hacer todo lo que sea posible para dañar y destruir a la humanidad. El Anticristo es también el hombre del pecado, el hijo de la perdición (2Tes 2:3-10). Pablo escribió este trecho basado en libro de Daniel, mostrándonos que el misterio de la iniquidad opera. La iniquidad, la ilicitud, tienden a aumentar en este mundo hasta el aparecimiento del inicuo. El Señor Jesús lo matará con el espíritu de Su boca, y lo destruirá con el resplandor de Su venida (2Tes 2:7-8). El Anticristo será destruido por la ira de Dios (Dn 9:27; Ap 16:1; 19:15);

Esta destrucción será ejecutada por Cristo en la guerra de Armagedón (Ap 16:14, 16), y su derrota será total (Ap 19:17-21). Entonces se cumplirá las setenta semanas que el profeta Daniel profetizó a respecto de Israel. Será el fin de esta era, y vendrá la era de reino venidero de mil años.

 Entiendo la profecía de las setenta semanas de Daniel, debemos despertar de nuestro sueño y vivir en temor, para que el plan que está en el corazón de Dios se realice con nuestra participación, que Su iglesia sea enseguida edificada, y su evangelio predicado a todo el mundo; cuando esto suceda, entonces vendrá el fin, amén.

 

 Amén, gloria al Señor por esta palabra, no es mucho lo que podemos decir sobre su intención de Dios con el hombre, yá está todo listo, el escenario internacional, las naciones están en el tablero para actuar, el mundo aún no se da cuenta de lo que se viene, más la santa palabra del Altísimo nuestro Dios, El nos viene a poner en alerta que ya no hay tiempo de andar por nuestros intereses, oooh Señor como me gustaría que todos los que leen esta palabra tengan una reacción en su corazón, amigo y hermano que gusta de la palabra, hay un camino par ser librados de tan horrendo acontecer que se nos viene encima, es comer de la palabra, comer de Cristo, ser llenados del Espíritu Santo para dentro de nosotros a nuestro espíritu, Dios busca adoradores en espíritu, esta es nuestra esperanza de ser  hijos obedientes a nuestro Dios, El va a volver nada lo detiene, pero algo muy interesante pude ver hoy, si la verdad corrimos predicando el evangelio entonces vendrá el fin. Que el Señor nos pille haciendo así, trabajando por sus negocios, por su plan, su eterno plan, amén.

GRACIAS SEÑOR POR SU PALBRA, NECESITAMOS DE TI, VENGA A RENOVAR NUESTRA MENTE, NUESTRO CORAZÓN, OOOH SEÑOR JESÚS TEN MISERICORDIA DE NOSOTROS, SIN TI TODO ES VANO, NOS ENCOMENDAMOS DELANTE DE UD OOOH DIOS, SALVANOS DE NUESTRA QUIETUD, DE NUESTRO TEMOR DE SALIR A PREDICAR TU PALABRA, SEÑOR LA GLORIA ES TUYA, SEÑOR LA ALABANZA ES SUYA, AMEN, PONGA EL SENTIR Y EL QUERER EN NUESTRO CORAZÓN TE SUPLICAMOS OOOOH DIOS, QUE PODAMOS COLABORAR CON SU DESEO AMÉN, AMÉN.

 

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La Unidad del Cuerpo de Cristo.

 

Leer con oración...

“Y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza a la iglesia, la cual es cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”.       Ef 1: 22-23


LA UNIDAD DEL CUERPO DE CRISTO

 La iglesia es el mejor lugar para negar la vida del alma. Ella fue engendrada cuando creímos en toda la obra que hizo el Señor Jesús por nosotros. Por medio de Su sangre fuimos purificados de los pecados y por Su muerte, nuestro viejo hombre también fue muerto. Nosotros, los hijos de Dios, recibimos al Señor, nacimos de nuevo y en un solo Cuerpo fuimos bautizados, sin distinción de raza, color o clase social (1 Co 12:13). Cuando se reúnen hermanos de varias nacionalidades, pueden testificar que son miembros de un solo Cuerpo. La iglesia es el Cuerpo de Cristo. (Col 1:24)

 

El bautismo es la inmersión del Cuerpo de Cristo y no en una religión o grupo Cristiano. Algunos grupos cristianos lo usan como un ritual de admisión. Sin embargo, de acuerdo con 1 Co 12:13, ser bautizado es ser inmerso en un solo Cuerpo, que es la iglesia. Todos los que creyeron en el Señor fueron salvos y llegaron a ser hijos de Dios (Jn 1:12-13). Una vez que alguien cree en el Señor, debe ser bautizado (Mr 16:16) y el bautismo, es la entrada del cristiano en el Cuerpo de Cristo, que es la iglesia. Así la iglesia incluye a todos los que fueron regenerados, salvos y bautizados. Causar división entre los cristianos es causar división en el Cuerpo de Cristo. Como hijos de Dios, que aman al Señor y a Su Cuerpo, nuestro encargo es predicar la unidad de los miembros de ese Cuerpo. Que maravilloso sería si todos los hijos de Dios viviesen la unidad del Cuerpo y la belleza de la Novia del Señor, que incluye a todos los regenerados.

 De acuerdo con la Palabra, todos los creyentes en una ciudad son la iglesia en aquella ciudad, la manifestación del Cuerpo allí. En todo en el universo existe sólo un Cuerpo, el Cuerpo universal de Cristo, compuesto de todos los regenerados en todos los lugares y en todas las eras. No obstante, en la práctica, ese Cuerpo universal se manifiesta en una ciudad: así que, tenemos la iglesia en aquella ciudad, que incluye a todos los que fueron regenerados, nacidos de Dios en aquella ciudad. Por eso en 1 Tesalonicenses 1:1, Pablo dijo: “Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses en Dios Padre y en el Señor Jesucristo: Gracia y paz sean a vosotros.”

La iglesia de los tesalonicenses incluía a todos los tesalonicenses que habían creído en el Señor y que vivían en Tesalónica en la época en que la epístola fue escrita. Los cristianos hoy están divididos en varios grupos, pero Dios ve un sólo Cuerpo.

Es necesario que los cristianos tengan el vivir y la práctica según la visión y el propósito de Dios.

 

Efesios 1:22-23 dice: “y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”. La iglesia por tanto, es el Cuerpo de Cristo, la asamblea de los llamados a salir fuera del mundo, la reunión de los que en un solo Espíritu fueron bautizados en un solo Cuerpo.

 

 LA EXPRESIÓN PRÁCTICA DE LA IGLESIA

 La iglesia es la reunión de los llamados ejercitándose a vivir la vida del pueblo del reino de los cielos en realidad. Al pasar por los sufrimientos, aprendemos lecciones para negar la vida del alma, a fin de que, en la era venidera; en la manifestación del reino de los cielos, podamos reinar juntamente con Cristo.

 

Pablo dirigió su epístola a “la iglesia de los tesalonicenses” (1 Ts 1:1), es decir, a los hermanos de la iglesia en Tesalónica, que tenían la vida de Dios y eran el pueblo del reino de los cielos allí. Ellos  llegaron a ser imitadores de los apóstoles y del Señor; recibieron la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo; llegaron a ser modelos de Macedonia y Acaya (vs. 5-6). Era como si pablo les escribiese: “Ustedes hoy viven la realidad del reino de los cielos para que un día disfruten de su manifestación. Aunque tengan sufrimientos aquí en la tierra, no se turben sus corazones. Los sufrimientos los  fuerzan a negarse a sí mismos y a perder la vida del alma. Que el ejercitarse para ser ciudadanos del reino de los cielos hoy, ustedes pueden ser co-reyes con Cristo en la manifestación del reino. ¡Aleluya!.

 

Esta palabra fue escrita a la iglesia de los tesalonicenses, pero también es dirigida a nosotros hoy, no importa en que ciudad vivamos. La ciudad es el límite de la iglesia. La iglesia universal se manifiesta de ciudad en ciudad. El Cuerpo de Cristo es universal, pero se manifiesta en cada ciudad: esto es la iglesia. Por tanto, la iglesia de los tesalonicenses se refiere a la iglesia en el aspecto local. La ciudad de Tesalónica pertenecía a Macedonia. En Macedonia había otras ciudades con iglesias, como Filipos, por ejemplo; por tanto; podemos decir “las iglesias de Macedonia”. Pero con respecto a la iglesia en Tesalónica solamente se usa el término en singular; no podemos decir a las iglesias en Tesalónica, o las iglesias en Filipos. El límite de la iglesia es la ciudad: por tanto, tener más de una iglesia en cada ciudad es división.

 

El Cuerpo de Cristo se manifiesta en cada localidad. Decir que hay más de una iglesia en cada ciudad es como si tomásemos un cuerpo y separásemos sus partes. Un cuerpo dividido no sobrevive, así que, tampoco podemos dividir el Cuerpo de Cristo. El Señor en Su sabiduría nos colocó en una iglesia en cada ciudad para mantenernos a todos en la unidad. El pecado de la división del Cuerpo de Cristo es muy grabe. Que tengamos bien clara la visión del Cuerpo de Cristo y de la iglesia como su expresión en cada ciudad y participemos de Su edificación con todo nuestro ser a fin de apresurar la venida del Señor, amén. ¡Aleluya!

 PALABRA CLAVE: UNIDAD, UNA IGLESIA EN CADA CIUDAD.

 

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la parábola de las dies vírgenes

LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

 

 

LA PARÁBOLA DE LAS DIEZ VÍRGENES

 

 

Las dos parábolas del libro de Mateo 24 son profecías del reino de los cielos tocante a la iglesia. Abordan dos aspectos: el aspecto de estar vigilante y listo, y el aspecto de ser fiel y prudente. El primero está relacionado con nuestra vida cristiana. Para esto debemos vigilar y estar preparados para la venida del Señor. Sin embargo, un cristiano normal debe ser cuidadoso no sólo en el aspecto de la vida, sino que también en es aspecto del servicio. En el servicio necesitamos ser fieles a nuestro Señor y prudentes con nuestro servicio.

 

En Mateo 25: 1-13 encontramos la parábola de las diez vírgenes para complementar la parábola de Mateo 24: 32-44. Ambas están relacionadas con el aspecto de vida, de ser vigilante y preparado.

 

LAS DIEZ VÍRGENES

“Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo” (25:1). En la parábola de la higuera estaba el número dos: “Dos en el campo…dos estarán moliendo…” (24: 40-41). Ahora tenemos el número diez significa la parte mayoritaria de doce (Gn. 42:3-4; 1 R. 11:30-31; Mt 20:24). Así, las diez vírgenes representan la mayor parte de los cristianos, los que hayan muerto antes de la venida del Señor. En Mateo 24, los dos hombres en el campo o las dos mujeres en el molino representan a los cristianos vivos hasta la venida del Señor.

Cuando llegue la parousía del Señor, la mayoría de los santos ya habrán muerto. En el capítulo 24 tenemos el arrebatamiento de los cristianos vivos. En el capítulo 25 tenemos la parábola de las diez vírgenes que se refiere a los santos que murieron. El versículo 5 dice: “¿Y tardándose es esposo, cabecearon todas y se durmieron”. A los de Dios, cuando un cristiano muere, él se duerme (1Ts. 4:13). Por eso, las diez vírgenes que fueron vencidas por el sueño y se adormecieron representan los santos que murieron.

 

La palabra “vírgenes” se refiere a los cristianos. Pablo en 2 Corintios 11:2 le dice a los santos que ellos son como virgen pura preparada para Cristo. Los que creyeron en el Señor recibieron Su vida, son como  vírgenes puras. Esto no se refiere a la obra, servicio o actividad, sino que es un asunto de vida. Ser virgen no depende de lo que usted haga, sino que es absolutamente un asunto de lo que usted es. Tanto hombres como mujeres, a los ojos de Dios, somos vírgenes.

 

TOMANDO SUS LÁMPARAS

Las vírgenes, tomando sus lámparas, salieron a encontrarse con el esposo. Las lámparas son el espíritu humano de los cristianos (Pr. 20:27) conteniendo el Espíritu de Dios como el aceite (Ro 8:16). Nosotros, los cristianos, en verdad brillamos con la luz del Espíritu de Dios de dentro de nuestro espíritu. Así, somos la luz del mundo, como lámparas que brilla en las tinieblas de esta era (Mt. 5: 14-16; Fil. 2:15), sustentando el testimonio del Señor para gloria de Dios. Para esto, las vírgenes no cargan armas para la lucha o herramientas para el trabajo, sino que lámparas para dar testimonio de brillar.

 

 

SALIERON A RECIBIR AL ESPOSO

Es significativo decir que las vírgenes salieron. Esto indica que otra vez que son los santos que murieron y salieron del mundo para encontrarse con Cristo que vendrá. En uno de sus escritos, D.M. Panton dijo que para el mundo es como un camino y su final está en una sepultura. Si el Señor tarda Su venida, el mundo, por fin, “sólo me proporcionará un lugar de descanso, una tumba para yacer mientras espero la venida del Seño”. No nos apeguemos a este mundo, estamos saliendo de el.

Cristo es nuestro esposo amado (Jn 3:29; Mt 9:15). En esta parábola, relacionada con la vida, somos vírgenes y el Señor no aparece como un general o un capitán, sino que como un esposo, como alguien tan amable y esperado.

 

CINCO VÍRGENES INSENSATAS

El versículo 2 dice: “Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas”. Esto no necesariamente indica que esta es la proporción de cristianos insensatos y prudentes. El número cinco en la Biblia indica responsabilidad. Indica que todos los cristianos  deben guardar responsablemente y abastecerse de aceite, que es el Espíritu de Dios. El Número cinco en la Biblia está compuesto de cuatro más uno. Cuatro significa la criatura, y uno el Creador, Dios único. Esto quiere decir que nosotros mismos, como el número cuatro, no somos capaces de guardar de manera responsable, sino que solamente cuando Dios es agregado en nosotros.

Por eso el Señor dijo en Juan 15:5: “separados de mí nada podéis hacer”. El Señor primero mencionó a las necias, porque en relación a guardar de manera responsable no es problema para las prudentes, y sí para las insensatas. Mientras vivieron en la tierra, no se preocuparon en asumir la responsabilidad que les correspondía. Las vírgenes insensatas no son cristianos falsos, como algunos afirman. En naturaleza, las diez vírgenes son iguales. Todas ellas tenían lámparas que brillaban. La diferencia entre ellas es que las insensatas, al tomar sus lámparas, no llevaron aceite consigo (v 3). El aceite u óleo significa el Espíritu de Dios (Is 61:1; He 1:9). Estas cinco vírgenes eran insensatas porque sólo tenían aceite en la lámpara, pero no la porción extra de aceite en las vasijas, es decir, tenían el espíritu regenerado por el Espíritu Santo, pero no tenían la porción extra del Espíritu en el alma.

 

 

CINCO VÍRGENES PRUDENTES

“Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas” (v 4).

El hombre es un vaso hecho por Dios (Ro 9:21,23-24) y la personalidad del hombre está en su alma. Por lo tanto, las vasijas aquí se refieren al alma de los cristianos. El hombre fue creado con tres partes: espíritu, alma y cuerpo (1Ts 5:23). El día que recibimos al Señor, el Espíritu entró en nuestro espíritu regenerándolo. Esto califica a todos los que recibieron la vida eterna a participar  de la Nueva Jerusalén. Sin embargo, cada uno de nosotros tiene una responsabilidad: la transformación d nuestra alma. Nuestra alma está dividida en tres partes: mente, voluntad y emoción. Nuestra mente necesita ser renovada (Ro 12:2), nuestra voluntad necesita ser obediente al Señor (Jn 7:17; Stg 4:7) haciendo la voluntad de Dios (Lv 22:42; Fil 2:13) y nuestra emoción debe amar al Señor sobre cualquier cosa (Mt 10:37-39). Esta transformación es efectuada a través del Espíritu de Dios saturando nuestra alma.

 

Por este motivo, no debemos alegrarnos sólo con la regeneración de  nuestro espíritu, sino que diariamente recibir la porción extra de aceite, para que el Espíritu Santo pueda permear todas las partes de nuestra alma, transformándonos de gloria en gloria, en la misma imagen del Señor, el Espíritu (2 Co 3:18). Si diariamente vivimos en comunión con el Señor, siendo suplidos por su palabra, El nos llenará con su Espíritu, el cual transbordará de nuestro espíritu, nuestra lámpara, penetrará en cada parte de nuestra alma, nuestra vasija; así tendremos la porción extra del Espíritu Santo. De esta forma, seremos prudentes. Esa es nuestra responsabilidad. Sin embargo, si hoy fuésemos indiferentes a esto, seremos insensatos. Debemos orar: “Señor, ten misericordia de mí. Yo quiero tener Tu espíritu no sólo en mi espíritu, sino que también en mi alma. Señor, necesito que tu Espíritu sature todo mi ser. Necesito de la porción extra del Espíritu Santo en mi alma”. Sin esta porción extra del Espíritu, no somos capaces de vigilar o estar listos.

 

TARDÁNDOSE EL ESPOSO

“Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron” (v 5). Ya han pasado dos mil años y el Señor aún no ha venido. Muchos santos, a lo largo de los siglos, han muerto y otros morirán antes de Su venida.

 

LA LLEGADA DEL ESPOSO

A media noche vino el esposo, es decir, el Señor vendrá en tiempo de más oscuridad de esta era tenebrosa (noche). Será al final de esta era, en el tiempo de la gran tribulación. El clamor del versículo 6 es la voz del arcángel en 1 Ts 4:14, 16 y 1 Co 15:52 y también indica que después de la  resurrección aún tendremos que responder por nuestra vida mientras vivimos en la tierra. Las insensatas tratarán se conseguir aceite de las prudentes, sin embargo, la porción extra del Espíritu no se da, cada uno es responsable de sí. Así, ellas saldrán a comprar, es decir, para obtener esa porción de aceite tiene que pagar el precio, tal como dejar el mundo, negar el ego, amar al Señor y considerar todo como pérdida por causa de Cristo. Si no pagamos el precio hoy, lo pagaremos después de la resurrección. “Pero mientras ellas iban a comprar, vino es esposo; y las que estaban preparadas entraron en él a las bodas; y se cerró la puerta” (v 10). El Señor descenderá del cielo en Su parousía y llegará hasta los aires ( 1 Ts 4:16-17). Los que estén preparados serán invitados a la cena de las bodas del Cordero (Ap 19:9). Esto sucederá antes de la manifestación del reino en el milenio como una recompensa a los cristianos que estén listos. Después que los que estén listos entren con el Esposo a las bodas, la puerta se cerrará. No es la puerta de la salvación, sino que la puerta para entrar en el gozo de las bodas del Señor.

 

“Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco” (vs 11-12). No conocer aquí significa no reconocer, no ser aprobado, como en Lucas 13:25; Juan 1:26,31; 8:19.

Mientras ellas vivían no pagaron el precio por la porción extra del  aceite, y ahora era demasiado tarde. Ellas perdieron la recompensa dispensacional, pues no fueron aprobadas para las bodas; con todo, no perdieron la salvación.

 

VELAD

“Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha d venir” (v 13). En la parábola del capítulo 24, los cristianos vivos fueron arrebatados son los que estaban listos. Con nosotros sucede lo mismo. Todos nosotros debemos vivir una vida vigilante y estar preparados para la venida del Señor. Estas palabras deben estimularnos a velar, y a no ser descuidados. ¡Ser prudentes significa tener la porción extra del Espíritu Santo en nuestra vasija! ¡AMÉN ALELUYA!

 

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La eterna Salvación y el castigo dispensacional.

LA  SEGUNDA  VENIDA  DE  CRISTO

 

LA ETERNA SALVACIÓN Y EL CASTIGO DISPENSACIONAL

 

 El Señor ya viene, los acontecimientos mundiales, rumores de guerra, acciones guerra en la región del Caucazo, el problema del petróleo y la instancia de un nuevo gobierno unido mundial, son señales que nuestro Señor  Jesús regresa a tomar las riendas de este mundo. Es por esto que hablaremos de la palabra en el contexto de la posición de Dios, que sus palabras no son cambiantes, sino siguen una línea que enmarca su carácter que su palabra es una sola, amén.

Hoy tomaremos una pregunta que muchos creyentes hijos de Dios no tienen muy claro; ¿Se pierde la Salvación? Antes de seguir, necesitamos dejar claro algunos puntos. Hay, en el cristianismo de hoy, dos principales escuelas de teológicas en relación a la salvación. La primera dice que salvación es eterna. Una vez salvos, somos salvos para siempre, no importa lo que hagamos, jamás la perderemos. La segunda, conocida como teología Arminiana, enseña que una persona puede recibir la salvación y más tarde perderla.

 

La Biblia claramente revela que la salvación de Dios es eterna y que una persona que la recibe jamás la perderá. Las palabras de la Biblia nos dan seguridad y garantía de la salvación. Si no tuviésemos tal firmeza, nuestra vida cristiana sería tremendamente inestable y oscilante. Pero esto no significa que, una vez teniendo tal garantía, no tendremos problemas si actuamos de cualquier manera después de nuestra salvación.

 

Aunque no se pierdan, los creyentes podrán sufrir algún tipo de castigo dispensacional por sus fallas. Todos los pasajes bíblicos usados para la interpretación errónea de que perdemos la salvación se refieren, en verdad, al castigo dispensacional. Dios es justo. Él no puede dar el mismo tratamiento a dos personas que recibieron la salvación, siendo que una de ellas vivió para sí misma, en pecados, amando al mundo, sin importarse con los intereses de Dios, mientras que la otra vivió para El Señor que murió y resucitó por ella, siendo totalmente consagrada para vivir por los intereses de Dios, cumpliendo su propósito.

 

La parábola de las bodas.

Podemos usar como ilustración la parábola en Mateo 22:1-14: Él Señor Jesús vino establecer el reino de los cielos y, en esta parábola el rey es Dios y el Hijo es Cristo. Esta parábola indica que el reino es un asunto muy serio.

El Nuevo Testamento es comparado a una fiesta de casamiento, cuyo enfoque es el disfrute bajo la gracia. El rey envió a sus siervos, el primer grupo de apóstoles del Nuevo Testamento, a llamar a los invitados para las bodas; pero estos no quisieron venir. Más tarde envió a otros siervos, diciendo: “He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas” (v 4). Los bueyes se refieren a Cristo que fue muerto, a fin de que el pueblo elegido por Dios pueda disfrutarlo como fiesta. A pesar de todo está listo, las personas se rehusaron a ir e incluso maltrataron a los siervos que fueron a invitarlos. “Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad” (v 7). Estas palabras proféticas fueron cumplidas en el año 70 D.C., cuando el ejército romano, bajo el comando de Tito, destruyó la ciudad de Jerusalén. Dios envió el ejército romano como Sus tropas para cumplir Su propósito de destruir Jerusalén. Tito fue bastante cruel, derribó el templo y quemó la ciudad.

 

Después Dios se volvió de los judíos hacia los gentiles. Por causa del rechazo de los judíos, el evangelio vino a los gentiles (Hch. 13:46; Ro 11:11). A lo largo de los siglos, la predicación del evangelio ha tenido un gran éxito en el mundo gentil. Al final la sala del banquete estaba llena de invitados. “Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda” (v 11). El hombre que estaba en la mesa sin el vestido de bodas, ciertamente es salvo. Todos los que reaccionaron al llamado de Dios son salvos. El Señor Jesús dijo que muchos son los llamados (v 14). Pablo muestra claramente en Efesios 4:1 que nosotros, los salvos, fuimos llamados. Aquí está revelado algo importante: una persona puede ser llamada y salva, pero aún puede faltarle el vestido de boda.

 

Este vestido tipifica nuestra calificación para participar de las bodas. En Apocalipsis 19 habla de los vestidos de lino fino en las bodas del Cordero. El lino fino son las acciones justas de los santos (v 7-8). Todos nosotros cuando fuimos salvos, recibimos el primer vestido Cristo como nuestra justicia,  para ser justificados delante de Dios (Fil 3:9); 1 Co 1:30; Ro 3:26). Este vestido está simbolizado por las vestiduras de pieles que Dios preparó para Adán y Eva cuando pecaron (Gn 3:21). Pero para que podamos participar de las bodas, necesitamos el segundo vestido. Esta es la justicia de los santos que engrandecieron a Cristo en sus cuerpos y, mientras estuvieron en la tierra, su vivir fue el propio Cristo (Fil 11:20-21).

 

Muchos fueron llamados para la salvación, pero pocos fueron escogidos para el gozo del reino de los cielos en su manifestación, el cual es solamente para los vencedores. En Mateo 5:20 dice: “si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”. Esta justicia sobrepujante es el vestido de lino fino, es el vestido de bodas del Cordero en la era venidera, en la manifestación del reino de los cielos. Otra ilustración que ayuda mucho para nuestra comprensión es la de la hija del rey descrita en el Salmo 45:13-14. Para que sea calificada a entrar en el palacio, ella necesita de un vestido de brocado de oro. Es decir, todos nosotros que fuimos salvos, obtuvimos la vestidura de Cristo como nuestra justicia; esta nos califica a estar en el palacio. Pero, cuando es conducida a la presencia del rey, ella necesita del segundo vestido: ropas bordadas.

 

Nosotros somos responsables de “bordar” nuestro segundo vestido con “hechos de justicia”, para que podamos ser conducidos a la presencia de nuestro Rey en aquel día. Por eso, día tras día, necesitamos vivir por Cristo; en las mínimas cosas de nuestra vida diaria Cristo debe ser vivido y engrandecido. Aunque nuestra salvación no tenga problemas, pues usted fue llamado y justificado, ¿Cómo será su situación delante del trono del juicio de Cristo? ¿Estará calificado para las bodas, para el gozo de los mil años? Todos los santos harán parte de la nueva Jerusalén, disfrutarán el gozo eterno, pero, antes de esto, aún estará el milenio. No debemos ser negligentes en el asunto del castigo dispensacional.

 

 

 

Tinieblas de afuera

“Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mt 22:13). Ser echados en las tinieblas de afuera, no es sufrir perdición eterna, sino que es ser castigado dispensacionalmente por no haber vivido una vida vencedora a través de Cristo y para Cristo, la cual califica para participar del gozo del reino en el milenio. Este asunto será más claro y completo en los próximos mensajes. Nuestra intención es alertar a los cristianos para que no sean descuidados y negligentes en su vivir diario, por el contrario, al oír tales palabras, pueden ser alentados a ser vencedores. Los vencedores recibirán recompensa, participarán de las bodas del Cordero y reinarán con Cristo por mil años, amén.

 

 

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Prepárese para la venida del Señor.


Leer con oración…

 

“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”                    2 P 3:8-9

 

 

PREPÁRESE PARA LA VENIDA DEL SEÑOR

 

 

Antes de entrar en la manifestación del reino de los cielos en la era venidera, la era del reino milenario, pasamos por la vida de la iglesia, en la cual está la realidad del reino de los cielos. La vida de la iglesia es la etapa en la que nos negamos a nosotros mismos y perdemos la vida del alma (Mt 16.25). Nosotros ya hemos nacido de nuevo, fuimos salvos, tenemos la vida de Dios, pero en nuestra alma aún hay muchas cosas naturales, que necesitan ser eliminadas, pues no pueden entrar en el reino de los cielos. Cuando nos miramos a nosotros mismos, consideramos “¿Será que ya eliminé de mi todos los elementos naturales?”.

 

Somos hijos de la luz (1 Ts 5:5), y necesitamos ser iluminados y considerar si en nosotros aún hay cosas naturales. Cuando somos iluminados, vemos que aún estaos lejos de lo que deberíamos ser, de lo que el Señor espera de nosotros.

 

En el milenio habrá dos esferas: la de la gloria y la de las tinieblas de afuera, donde será el lloro y el crujir de dientes. Si los elementos naturales en nosotros aún no fueron eliminados, no tendremos la salvación del alma y no podremos ingresar en la esfera de la gloria por no tener la realidad de la palabra según Apocalipsis 19:8 ( acciones justas),

(Mt  22:10-13). Por tanto, seremos colocados en la esfera de las tinieblas de afuera.

Al saber esto, lo que decimos es: “ Señor, deseo que demores un poco más de tres años, cinco años, treinta años, no se cuanto más… Ten misericordia de mí, para que antes de que vuelvas yo ya haya negado toda mi vida del alma. Que tu Espíritu mezclado con el mío llene y sature toda mi alma; sólo entonces podré decir: ¡Ven Señor Jesús!”.

 

El Señor es longánimo para nosotros. En 2 Pedro 3:8-9, leemos: “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”

 

El Señor Jesús no demora, sino que es longánime, Él quiere que tengamos un corazón de búsqueda después de haber visto la luz, para que nos neguemos más a nosotros mismos y perdamos la vida del alma. Por tanto, debemos prepararnos para la venida del Señor. Cuando Él vuelva, vendrá a juzgarnos, y entonces veremos cual es nuestra verdadera condición.

 

En Mateo 16:16-17, el Padre reveló que el misterio de Dios es Cristo, el Hijo del Dios viviente. En el versículo 18, fue el mismo Cristo quién reveló Su propio misterio, que es la iglesia. Él dijo que edificaría Su iglesia sobre la roca.

 

El término “roca” se refiere al Señor Jesús, pues Él es la roca espiritual, y también se refiere a la revelación que el Padre le concedió a Pedro: que el Señor es el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

 

La edificación de la iglesia requiere de un material diferente del usado por Faraón de Egipto para hacer ladrillos, que eran hechos de barro con paja. La edificación de Dios se hace con piedras. Los hombres que fueron hechos del polvo de la tierra, se transforman en piedras después que se convierten. En aquella ocasión el Señor Jesús le dijo a Pedro:

“Yo te digo que tú eres Pedro” (que significa piedra). Es como si hubiese dicho: “Voy a edificar la iglesia con piedras”. Por tanto, todos los que edifican la iglesia hoy, necesitan ser piedras. Antes éramos “Simón”, ahora somos “Pedro”, pues la edificación de la iglesia se hace con piedras.

 

Las llaves de reino de los cielos le fueron entregadas a la iglesia (v 19), es decir, la iglesia es el reino de los cielos y, ésta tiene la llave que conduce al reino de los cielos. Cuando la iglesia es edificada, entramos en el reino. Hoy somos colocados en la iglesia para que practiquemos como ser el pueblo del reino de los cielos, amén.

 

Bendito es nuestro Dios, que fijó sus ojos en nosotros, sin merecer su salvación Él envió a su Hijo amado para nosotros, que bendición. Creímos un día, pero pensamos que estamos listo, más la palabra nos alumbra y nos muestra que debemos ser personas espirituales, andar en Espíritu siempre, negando nuestra alma todo el tiempo, que maravilla son las vírgenes prudentes, siempre ellas preocupadas por sus vasijas, ellas valoraban el aceite, su propósito esperar al novio ya sabemos el fruto de esta perseverancia y sabemos la consecuencia de las otras vírgenes que sólo se preocupaban de sí mismas y se olvidaron que venía el novio, amén. Hoy es lo mismo para nosotros, negar nuestra alma para alcanzar y poder entrar a las bodas, sino tenemos el vestido adecuado no podremos entrar, más seremos apartados a un lugar de tiniebla donde lloraremos nuestra falta de tantos años haber creído en el Señor, pero no le dimos importancia, tantas veces nos dijeron que debíamos vivir en el Espíritu y vivir por el Espíritu, ooh Señor Jesús, debemos darle importancia a esto, la naturaleza de Dios es Espíritu, y Él busca adoradores en realidad en espíritu, ¿como vamos a edificar la casa de Dios, sino andamos en el Espíritu?, bendito sea el Señor, amén. Que el Señor nos alumbre hoy, de ser piedras y piedras vivas, siendo usados por el Señor para Su iglesia, edificar Su iglesia, Su cuerpo, el deseo del corazón de Dios, Su Plan eterno amén.

 

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La Parábola de Mateo 24

LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

 

 

LA PARÁBOLA DE MATEO 24

 

 Gracias al Señor por la palabra anterior sobre la Eterna Salvación y el Castigo Dispensacional, ahora veremos las parábolas de Mateo 24 que nos explicará más algunos puntos sobre la recompensa o castigo dispensacional, para animarnos a vivir una vida piadosa, esperando la venida del Señor.

 

LA PARÁBOLA DE LA HIGUERA, (vs. 32 – 44)

“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca” (Mt 24:32). La higuera que había sido maldecida por Jesús en 21:19, se refiere a la nación de Israel. Esta pasó por un largo invierno desde el primer siglo hasta el año 1948, cuando fue restaurada. Este hecho indica que sus ramas están tiernas y brotan sus hojas, es decir, la vida volvió a ella y las actividades exteriores comenzaron. Para los cristianos, esto constituye una señal del fin de esta era. “De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” (vs. 34).

 

La generación aquí no es según las personas, o la cuenta del tiempo, sino que según la condición moral de las personas, como Mateo 11:16; 12:39, 41,42,45 y Proverbios 30:11-14. Esto significa desde el tiempo de esta profecía hasta la completa restauración de Israel, la situación moral de aquella generación no cambiará. “Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre” (v.37). Aquí claramente indica que la venida (“parousía” en griego) del Señor denota un espacio de tiempo; y este periodo será como en los días de Noé: “comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento” (v. 38). Comer, beber y casarse fueron originalmente establecidos por Dios para la existencia humana. Pero debido a la concupiscencia del hombre, Satanás utiliza estas necesidades de la vida humana para ocupar al hombre y distraerlo de los intereses de Dios. Esta situación empeorará hasta alcanzar su climax durante la “parousía” del Señor. La sociedad humana está entorpecida por los placeres carnales y mundanos. El enemigo de Dios, Satanás, se aprovecha de las necesidades de la vida para envenenar al hombre creado por Dios. Sin embargo, esto no significa que no comamos, bebamos o nos casemos. Esto es necesario para nuestra existencia. No obstante, no debemos permitir que estas cosas nos quiten la sobriedad.

 

 

 

UNO SERÁ TOMADO Y EL OTRO SERÁ DEJADO

“Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra dejada” (vs. 40-41). Mientras las personas del mundo están siendo entorpecidas por las cosa materiales, sin darse cuenta del juicio venidero, algunos cristianos sobrios y vigilantes serán tomados. Los dos hombres en estos versículos deben ser hermanos en Cristo y las dos mujeres, hermanas en el Señor. Esto está confirmado en el versículo 42: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor”. El Señor no exhortaría a las personas que no son salvas a vigilar, ni es Señor de los que no son salvos.

 

Ser tomado significa ser arrebatado antes de la gran tribulación. Esta es una señal de la venida del Señor. Es interesante observar que los dos estarán en el campo y las dos estarán trabajando en un molino. Ambos casos son para subsistencia. Las personas del mundo estudian o trabajan para “comer, beber y casarse”, son usurpadas por los placeres carnales y mundanos. Nosotros, los cristianos, también estudiamos y trabajamos para la mantención de nuestra existencia, a fin de vivir para cumplir el propósito de Dios. Algunos pueden tener el concepto de que un cristiano no necesita estudiar o trabajar y sí leer la Biblia y orar todo el día. Pero el Señor Jesús aquí nos muestra que el arrebatamiento sucederá cuando las personas estén haciendo su trabajo normal. Debemos ser fieles en nuestros deberes diarios. Necesitamos tener una vida equilibrada y al mismo tiempo buscar el crecimiento de vida espiritual. El motivo de uno ser tomado y el otro dejado es la diferencia en el asunto de vida. El arrebatamiento de los vencedores, que son los cristianos maduros en vida, será una señal para aquellos que serán dejados.

 

 

VIGILANDO Y ESTANDO PREVENIDOS.

“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor” (v.42).

El Señor vendrá secretamente, como ladrón que se lleva las cosas de valor. Si buscamos crecimiento y madurez de vida mientras vivimos en la tierra, y somos transformados por el Espíritu Santo, seremos como piedras preciosas que el Señor, en Su venida, llevará secretamente. Esta es la venida secreta del Señor para los siervos vigilantes, los vencedores.

 

 

LA PARÁBOLA DEL SIERVO FIEL Y PRUDENTE (vs.45 al 51)

“Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?” (v.45). La fidelidad es para con el Señor y la prudencia es para con los hombres. Ser vigilantes, en la parábola anterior, es para ser arrebatados hasta la presencia del Señor, y ser fiel aquí es para reinar en el reino, en el milenio (v.47). Los consiervos, en el versículo 45, se refieren a los cristianos, a los miembros de la familia de Dios (Ef. 2:19), que es la iglesia (1 Ti. 3:15). Darles el sustento a tiempo significa alimentar a nuestros hermanos en Cristo, ministrándoles la Palabra de Dios como vida. Por un lado, debemos cuidar de nuestra propia vida espiritual, de nuestro crecimiento y transformación, viviendo una vida vigilante, no descuidada y negligente, esperando la venida del Señor. Pero por otro lado, necesitamos ser siervos fieles y prudentes a quienes el Señor les confió algunos miembros de su familia para que los cuidemos. Hay tantos que necesitan de nuestro cuidado, del alimento espiritual que dispensamos, para que la casa del Dios vivo, la iglesia, sea edificada. Debemos salir de nuestro egoísmo y comodidades para suplir con la vida de Dios, en el tiempo debido, a nuestros consiervos.

“Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor vuelva, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá” (vs. 46-47). Esta es la recompensa para el vencedor: autoridad para reinar en la manifestación del reino, el milenio. El Señor le confiará todos Sus bienes. Pero si aquel siervo dice: “Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aún a comer y a beber con los borrachos” (vs.48-49). Un mal siervo siempre piensa que Señor no volverá pronto, es decir, vive como alguien que no tienen que ajustar cuentas en El, y así golpea a sus consiervos. Esto significa maltratar a sus hermanos en lugar de alimentarlos, comiendo y bebiendo con los borrachos, viviendo en compañía de las personas mundanas, en disolución. “Vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes” (vs. 50-51). El problema de este siervo no es que desconoce que el Señor vendrá, sino que no lo espera. La vida que lleva no es la del que está preparado para cuando el Señor vuelva, él será lanzado con los hipócritas. Esto no significa que irá a la perdición eterna, al lago de fuego, ya que una vez salvo es salvo para siempre; sino que será cortado de la gloria venidera del Señor, que equivale a ser echado en las tinieblas de afuera, donde habrá lloro y crujir de dientes, por mil años, lamentando no haber sido fiel y prudente mientras vivió en la tierra. Haber sido salvos para siempre no quiere decir que hoy podemos vivir de cualquier manera, como quien no tiene que arreglar cuentas con el Señor. Si somos vencedores, ganaremos la recompensa  de participar del reino, del milenio; si no perderemos el galardón, el gozo del reino, y sufriremos el castigo dispensacional por mil años, donde habrá lloro y crujir de dientes.

Pablo nos advierte en 2 Corintios 5:10: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”.

 

Amén, gracias al Señor por su palabra, sino no tuviéramos su luz ciertamente nuestra vida no tendría un rumbo fijo, andaríamos corriendo de un lado hacia otro, amar al Señor es darse por completo, ese cariño, esa ternura de un padre hacia su hijo, sólo Dios puede expresarla, entonces ante esa tremenda realidad de amor de Dios, como vamos a descuidar esta consideración y preocupación del Señor para nosotros?, amén bendito sea el Señor, queda un camino agradar su corazón, inclinar y humillar este corazón que tanto le hace falta la vida de Dios, amén.

 

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La Parábola de los talentos.

LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

 

LA PARÁBOLA DE LOS TALENTOS

 

 

Antes de proseguir, queremos recodar que estamos tratando de un asunto muy importante: la salvación eterna y el castigo dispensacional. En los mensajes anteriores dijimos que nuestra salvación es eterna: una vez salvos, somos salvos para siempre (Jn 10:28). Sin embargo, esto no significa que después de nuestra salvación podemos vivir de cualquier manera, porque estamos seguros. Dios es justo. El no puede tratar del mismo modo a un cristiano que vivió absolutamente para El, y otro que, después de la salvación, continuo viviendo en los placeres del pecado y del mundo. Por eso existe el asunto de la recompensa y del castigo dispensacional en la era  venidera el milenio aún cuando ambos participarán de la  Nueva Jerusalén, del cielo nuevo y de la nueva tierra.

 

Aunque esto, a primera vista, o por ser desconocido, pueda causar cierto choque en nuestro concepto, debemos tomar seriamente este asunto en oración a Dio y comprobarlo con las Escrituras, sin prevención o predisposición. Esto determinará una vida cristiana estable, con una meta cierta y prevaleciente. Con relación a esto Pablo dijo: “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire” (1 Co 9:24-30).

 

Estamos usando las parábolas de Mateo 24 y 25 para ayudarnos a entender el asunto. En este mensaje llegamos a la parábola de los talentos (Mt 25: 14-30).

 

 

LA PARÁBOLAS DE LOS TALENTOS

Como dijimos anteriormente, la parábola de las diez vírgenes está relacionada a la vida, los cristianos son vírgenes, lo que implica que seamos vigilantes; y en relación al servicio somos siervos, lo que implica que seamos fieles. Por lo tanto, no debemos descuidar el aspecto de la vida (interior), ni del servicio (exterior). “Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes” (v 14). El “hombre” aquí se refiere a Cristo. El entregó Sus bienes a Sus siervos. En el aspecto del servicio, los cristianos son siervos o esclavos (1 Co 7:22-23; 2P 1:1; Stg 1:1; Ro 1:1). En el aspecto de la vida, somos vírgenes viviendo para Cristo (2 Co 11:2), y en el del servicio le servimos como Sus esclavos comprados por Su preciosa sangre. Y nosotros, los que poseemos Su vida, somos la herencia de Dios (Ef 1:18) y Sus bienes, es decir, Su iglesia. “A uno dio cinco talentos, a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos” (v 15). Los talentos en esta parábola significan los dones espirituales ( Ef 4: 7-8; Ro 12:6; 1 Co 12:4; 1 P 4:10; 2 Ti 1:6). Necesitamos de los talentos, de los dones espirituales, para servir al Señor como buenos siervos para realizar Su obra.

 

Somos un solo cuerpo en Cristo y miembros los unos de los otros. No todos los miembros tienen la misma función (Ro 12: 4-5). Este es el objetivo de nuestro servicio.

Por eso debemos usarlos para predicar el evangelio, para ministrar vida y verdad a los demás, para apacentar a los que necesitan de cuidado, en fin, para edificar la iglesia. Haciendo esto, nuestros talentos serán multiplicados.

 

 

NEGOCIANDO CON LOS TALENTOS

El que recibió cinco talentos los negoció y con ellos, obtuvo otros cinco. Así también el que recibió dos, ganó otros dos (v 16-17). Debemos usar al máximo los dones que recibimos del Señor, sin desperdiciarlos.

“Pero al que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor” ( v 18). El problema está con los que recibieron un talento. Para ellos es muy fácil no usarlo apropiadamente, es decir, “enterrar” los dones dados por el Señor. Un siervo también suple comida a los de la casa de Dios (Mt 24:45). Debemos ministrar la palabra de Dios con la inescrutable riquezas de Cristo (Ef  3:8) para nutrir a los de la casa del Señor. Como resultado de nuestro servicio, las personas serán ricamente alimentadas y además se multiplicarán los bienes del Señor.

 

ARREGLANDO CUENTAS

“Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos” (v 19). “Mucho tiempo” aquí se refiere a la era de la iglesia y “vino” se refiere a la venida del Señor en los aires (1 Ts 4:16-17) en Su parousía. “Arregló cuentas” se refiere al juicio delante del tribunal de Cristo (2 C 5:10; Ro 14:10) en los aires, donde nuestra vida, conducta y obra serán juzgadas para recompensa o castigo ( 1 Co 3:13-15).

El que recibió cinco talentos entregó al Señor otros cinco que había ganado. Le dijo el Señor: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (v 21). “Poco” se refiere a la obra del Señor en esta era y, “sobre mucho”, las responsabilidades, la autoridad para gobernar en el reino venidero. El “gozo” del Señor es el disfrute del Señor en la era venidera el milenio. La recompensa al siervo fiel es en dos aspectos: la autoridad y el gozo. El siervo fiel entrará directamente en la presencia del Señor, en la manifestación del reino.

 

El que recibió dos talentos también entregó al Señor otros dos que había ganado. La alabanza y recompensa del Señor para él fueron las mismas que al de cinco talentos. Esto indica que no depende del tamaño ni cantidad de nuestra obra, y sí de nuestra fidelidad en usar plenamente los dones recibidos del Señor. Habría sucedido lo mismo con el que recibió un talento, si hubiese sido fiel. “Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra: aquí tienes lo que es tuyo” (vs 24-25). El que recibió un talento no es una persona incrédula, no salva, como algunos interpretan. Una persona no salva no puede recibir los dones espirituales, ni será arrebatada para ser juzgada en el tribunal de Cristo en los aires. Aparentemente el Señor es severo, como dijo el último. El parece exigir que trabajemos para El sin tener nada. Esto no debe ser una disculpa para que descuidemos el uso del don que recibimos. Por el contrario, debemos esforzarnos en ejercitar la fe para usar diligentemente nuestro don. El Señor al darnos un don, está sembrando y El espera cosechar.

 

Esconder el talento en la tierra es envolverse en las cosas terrenales y no con las espirituales, llegando a ser inactivos e infructuosos. Por ejemplo, algunos nunca tienen tiempo  visitar a las personas para ministrarles vida y cuidado. Todo su tiempo está envuelto en las cosas del mundo. Otros se sienten demasiado débiles para pastorear. Por muy débil que sea, siempre hay personas, aún más débiles que necesitan de cuidado. Nunca debemos menospreciar los pocos dones que recibimos. Debemos ser fieles en lo poco que el Señor nos dio y así los dones se multiplicarán. Tampoco debemos argumentar que nos falta tiempo para cuidar de los demás. Por muy ocupados que estemos, debemos desempeñar nuestra función usando nuestros dones, no enterrarlos.

 

 

EL LLORO Y EL CRUJIR DE DIENTES

“Respondiendo su Señor le dijo: Siervo malo y negligente” (v 26). El ni siquiera invirtió su talento para devolverle al Señor las ganancias (v 27). “Quitadle, pues, el talento, dadlo al que tiene diez talentos” (v 28).“Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” (v 30). “Ser echado en las tinieblas” no denota aquí la perdición eterna del falso cristiano, como enseñan algunos. El contexto prueba que es el castigo de los cristianos genuinos que no fueron fieles. Tampoco se refiere a la perdición eterna, sino que al castigo durante la era del reino venidero. La frase “lloro y el crujir de dientes”  es usada seis veces en el evangelio de Mateo. Dos veces en relación a la perdición de los falsos cristianos (13:42) y de los mansos (13:50). El “horno de fuego” allí, no es las “tinieblas de afuera” de Mateo 24 y 25, y sí el lago de fuego. Mateo 8:12; 22:13; 24:51; 25:30, habla de ser lanzado en las tinieblas de afuera. Los santos no vencedores no serán lanzados en el algo de fuego sino en las tinieblas, fuera de la esfera de la gloria de Dios durante la era del reino venidero. Además del asunto de nuestra salvación, aún está el asunto de la recompensa o del castigo dispensacional. Por eso, debemos ser fieles al Señor hoy, funcionando con los dones que nos dio para edificación del Cuerpo de Cristo. Así, recibiremos el galardón de nuestro Señor. 

 

En relación a la vida, debemos estar saturados por el Espíritu Santo, creciendo y siendo transformados. En relación al servicio, debemos ser fieles siervos del Señor. Así, seremos arrebatados para participar del gozo de las bodas del Cordero, y recompensados participando de la autoridad del milenio, amén.

GRACIAS SEÑOR POR SU LUZ, AMÉN ALELUYA!

ESTE MENSAJE ESTÁ MUY RELACIONADO A LOS OTROS DOS MENSAJES DE: LA IGLESIA Y LA UNIDAD DEL CUERPO DE CRISTO, ESPERO QUE ESTA PALABRA SEA DE MUCHA REVELACION ESPIRITUAL PARA TODOS LOS HIJOS DE DIOS REGENERADOS.


 



 

 

ESTOS MENSAJES SON TOMADOS DE LA EDITORA: Todos los derechos reservado a: Editora Árvore da Vida (homepage: http://www.arvoredavida.org.br ).

Literatura de Alimentos diarios, por el hermano Dong Yu Lan y algunos santos con encargo de mostrar el amor de Dios.

HAGA CORRER ESTA PALABRA A OTROS HIJOS DE DIOS.

 

 

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La Mente puesta en el Espíritu.

Leer con oración


“Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el espíritu es vida y paz”                                                                                 Ro 8:6

 

LA MENTE PUESTA EN EL ESPÍRITU ES VIDA

 Romanos 8:12 dice: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. Porque la ley del Espíritu de vida me ha librado en Cristo Jesús de la ley del pecado y de la muerte”. El viejo hombre ya murió, ahora la ley del viejo hombre no puede atarnos. Tenemos un nuevo marido que es el Señor Jesucristo. ¡Aleluya! Él nos libró de la ley del pecado y de la muerte.

 

El versículo 3 dice: “Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne”. Nuestro viejo hombre que está en la carne se refiere principalmente a nuestra alma. Nuestro viejo hombre, la carne, estaba totalmente dominado por el pecado. ¿Cómo podemos librarnos? ¡Solamente por medio del Espíritu dé vida en Cristo Jesús!

 

Prestemos atención al versículo 5: “Porque los que son de la carne ponen la mente en las cosas de la carne; pero los que son según el espíritu, en las cosas del Espíritu”. La carne está en las manos del viejo hombre, por tanto, el alma del viejo hombre lleva a la carne a pecar. El versículo 6 dice: “Porque la mente puesta en el espíritu es vida y paz”. La mente es la parte vital entre las tres que componen nuestra alma. Cuando ésta es puesta y se fija en el espíritu, tenemos vida y paz. Pero una vez puesta en la carne tenemos muerte. Cuando el alma es puesta en el espíritu, es saturada del Espíritu y recibe vida ¡Aleluya!

 

El hombre está compuesto de tres partes: espíritu, alma y cuerpo. La parte más problemática es el alma, es por eso que necesita saturarse del Espíritu. El alma no sólo logra ser saturada tocando al Espíritu. Debemos siempre poner la mente en el espíritu, sólo así recibiremos vida.

 

El versículo 9 dice: “Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él”. El primer término espíritu es con letra minúscula, indicando que se trata del espíritu humano, que es contrario al término carne que se menciona al inicio del versículo. Los términos “Espíritu de Dios” y “Espíritu de Cristo” son sinónimos. Este es “el Espíritu”, la consumación final y máxima del Dios Triúno después de pasar por el proceso de la encarnación, el vivir humano, la muerte, la resurrección y la ascensión, entró en nuestro espíritu y se mezcló con él.

 

El versículo 10 dice: “Pero si Cristo está en vosotros (es decir, en nuestro espíritu), aunque el cuerpo está muerto a causa del pecado, el espíritu (humano) es vida a causa de la justicia”. ¡Alabado sea el Señor! Por medio de la vida divina, nuestro espíritu fue regenerado ¡Nuestro espíritu es vida!

El versículo 11 dice: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros”. Esta porción de Romanos 8 nos habla de que nuestro espíritu es vida a causa de la justicia, por tener el Espíritu que habita en él (v.9). Igualmente nuestra alma es vida cuando ponemos la mente en el espíritu (v. 6). Finalmente, hasta nuestro cuerpo mortal será vivificado, amén.

 

 

Bendito es el Señor, por darnos tanta luz, tanto que nos ama nuestro Dios, Él quiere que nadie se pierda, sino que todos vengan al arrepentimiento, amén. Que bendición es su palabra, ya sabemos ahora que no es letra, que nos es un libro cualquiera, sino es la boca de Dios hablando para nosotros, me da mucho gozo saber que la santa palabra de Dios es algo que produce dentro de nosotros un cambio orgánico, un proceso lento pero seguro, como todo nuestro ser es trasformado día a día a la imagen misma de nuestro Señor Jesucristo, el secreto es donde está mi corazón, donde está mi alma, donde está mi mente, está en Dios?, está en su palabra?, está mi mente puesta en el espíritu, vamos a su presencia de manera diaria?, nos damos un tiempo para inclinar nuestro corazón a Él?. Bendito es nuestro amado Dios, separar las cosas de la carne, de la mente, de nuestro ser natural, de nuestro ego, de nuestro yo, ooooh Señor tanto que nos falta volvernos a ti…amén, gracias al Señor hoy sabemos  como poner nuestra mente en el espíritu, orar, velar en todo tiempo, leer la palabra de Dios, hablar a otros traspasar a otros el encargo de Dios, su justicia, su reino, su realidad, querido amigo que lees esto nuestra vida ya no nos pertenece somos propiedad de Dios, somos de Cristo, pero el desea llenarnos de su vida, de su realidad, y sino ponemos la mente en el espíritu cómo el Señor puede avanzar dentro de nosotros?, amén…que esta palabra sea de aliento para miles de hijos de Dios, es tiempo de correr, es tiempo de volverse, es tiempo de clamar, amén… tenemos su palabra, la oración, tener comunión con los de corazón puro invocan al Señor, predicar su palabra a tiempo y fuera de tiempo, amén.

 

 

LA VIDA ESTÁ EN EL ESPÍRITU

 Cuando creemos en el Señor, el Espíritu entra en nuestro espíritu y ambos se mezclan, llegando a ser los dos un solo espíritu (1 Co 6:17). Así nuestro espíritu es vida (Ro 8:10). Las tres partes de nuestra alma: mente, emoción y voluntad, reciben vida cuando nos volvemos  a nuestro espíritu, donde habita el Espíritu de Dios. La vida divina finalmente se expandirá hasta vivificar todo nuestro cuerpo mortal (v. 11). Por tanto, la vida está en Él, está en Dios, en el Verbo, en el Cordero de Dios y en Cristo. Después que el Señor Jesús resucitó de entre los muertos, llegó a ser el Espíritu. Ahora la vida está en el Espíritu, el contacto de nuestra alma (la mente v.6) con el Espíritu, también resulta en vida y nuestro cuerpo mortal también recibe vida.

 

Para que la iglesia avance necesitamos de vida. Una iglesia como Éfeso, donde  había agujeros causados por la degradación, recibió gran ayuda del apóstol Juan: Espíritu y vida. Cuando la iglesia se llenó de vida, ésta se propagó, fluyó a otros lugares, a fin de ayudar a otras iglesias. La iglesia en Éfeso se hizo el centro de la obra del ministerio orgánico del apóstol Juan.

 

Hoy nosotros también necesitamos del ministerio orgánico para salir de todo lo que es judicial. Gracias al Señor, cuando invocamos Su nombre entramos en el espíritu; además de esto tenemos Su palabra, podemos leer-orar a fin de entrar en el espíritu y recibir vida. Por medio de estas prácticas saludables podemos disfrutar de este ministerio orgánico.

 

Además, necesitamos liberar nuestro espíritu, llenarnos del Espíritu, a fin de hacerlo fluir como ríos de agua viva por toda la tierra. Por medio del ministerio orgánico podemos crecer en vida, madurar y ser vencedores. Es así que nos llenamos de la vida y naturaleza de Dios. Ahora la cumbre de la revelación divina se cumple en nosotros, a fin de que lleguemos hacer hijos maduros de Dios que lo expresan en vida y naturaleza. ¡Aleluya!¡Jesús es el Señor!, amén.

 

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Los hijos de luz tratan con los pecados.

Leer con oración…

 “Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas”                 1 Ts 5:5

 “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han legado las bodas del Cordero, y su esposa se a preparado. Y a ella se le concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos”        Ap 19:7-8

 

 

LOS HIJOS DE LUZ TRATAN CON LOS PECADOS

 Somos hijos de luz (Ts 5:5). Durante el día, cuando nos ensuciamos la ropa, podemos ver la suciedad. Cuando andamos como hijos de luz, como hijos del día, tomamos conciencia de nuestro pecado, tenemos el sentir que hemos pecado. Pero si estamos en las tinieblas, no tendremos tal sentir de pecado. Las personas que no tienen la vida de Dios son exactamente así, debido que están en tinieblas.

 Nosotros también, antes éramos así, vivíamos en las tinieblas como ellos. Hoy, en la vida de la iglesia, somos iluminados cuando cometemos pecados y , tomamos conciencia de ello, debemos por tanto, arrepentirnos inmediatamente delante del Señor y confesar cada pecado, aplicando Su sangre preciosa para nuestra purificación. Este arrepentimiento es algo que necesitamos practicar en toda nuestra vida cristiana.

 Sin duda, ya fuimos salvos, pero a veces pecamos, y cuando lo hacemos a propósito, esto es algo muy serio. Cuando somos vencidos ocasionalmente por el pecado, debemos arrepentirnos inmediatamente delante del Señor. Si confesamos el pecado, Dios es fiel y justo para purificarnos de todos los pecados con la sangre preciosa d Su Hijo.

 Primera de Juan 1:5 dice: “Dios es luz, y no hay ninguna tiniebla en él”. Nosotros, los que tenemos comunión con Dios, no andamos en tinieblas, andamos en luz (v.6). Dios es luz y si nosotros estamos en luz, tenemos comunión unos con otros, “Y la sangre de Jesús su Hijo, nos limpia de todo pecado” (v 7). Juan enfati8za que la sangre es de Jesús, el Hijo de Dios. El Señor Jesús derramó Su sangre en la cruz, ésta nos purifica de todos los pecados cometidos en el pasado.

 Hoy en la vida de la iglesia, somos hijos de Dios, y si aún cometemos pecados, necesitamos ser iluminados y debemos confesarlos. La sangre que nos limpia es de Jesús, el hijo de Dios, es decir, es una sangre eficaz. Cuando confesamos el pecado y usamos la sangre de Jesús, el Hijo de Dios, nos purifica de todo pecado.

 El versículo 9 y 10 dicen: “Si confesamos nuestro pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos cometido pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”. Hoy estamos en ha vida de la iglesia, sin embargo, nuestra vieja creación no a sido totalmente eliminada. Tenemos en nuestra alma muchas cosas naturales como consecuencia de la caída del hombre y en nuestro cuerpo muchas concupiscencias, pués, aún caemos en pecados.

 Sin duda la sangre del Señor ya nos purificó de todos los pecados del pasado, pero a veces no podemos resistir las tentaciones a pesar de que somos salvos, porque el mundo es atrayente y si no estamos en espíritu, no habrá fuerzas para vencerlo. Pero, si estamos en el espíritu, Dios es el poder que nos llevará vencer las tentaciones. Si cometemos pecados, debemos confesarlos pues Dios es fiel y justo para perdonarnos.

 Delante del tribunal de Cristo, Él juzgará primeramente nuestros pecados. Si aún hay algún pecado oculto necesitamos confesarlo y además confesar cabalmente cada pecado y así poder estar en pie delante del tribunal de Cristo, en aquel día.

 Oh Señor Jesús, amén. La luz del Señor es muy clara, muy nítida, no expone delante de Dios, me maravilla la expresión que dice: Mis palabras son Espíritu y son Vida, otro día que  avanza; como estoy hoy delante del Dios?. Señor Jesús amén, a veces creemos que nuestro amado Dios es severo, duro, injusto, Él conoce nuestro corazón, conoce nuestra realidad de nuestra vida, antes de inclinar nuestro corazón a Dios, no éramos dignos, y nuestro destino la verdad era el fuego eterno, amén. Dios es luz, más nosotros también debemos andar en luz, Dios es santo, nosotros igual debemos tener un vivir santo, como agradar el corazón de Dios?, como hacerle feliz?, cada vez que pecamos perdimos la comunión con el, nuestras oraciones no cruzan el techo, no suben al trono, porqué? Hay algo que entorpece el fluir, es el pecado. Nosotros que ya somos sus hijos corrimos velozmente delante de Dios, pero cuando viene el maligno y nos hace caer, tropezar, ya dejamos de correr, nos sentimos indignos, viene Satanás a decirnos no sirves para Dios, pecas y pecas no eres fiel delante de Dios, que tremendo es este Ser, uno, nos hace caer y se deleita y luego nos trata de convencer que no servimos a Dios, mas el Señor ya pagó un precio, precio muy alto Su muerte en la cruz, derramó su preciosa sangre, preciosa y bendita sangre, ooooh que maravilla, que podemos volvernos, arrepentirnos, decirle al Señor, Padre he cometido pecado contra ti, amén. Él Señor es fiel, nunca nos dejará sólo, estará con nosotros hasta el fin del tiempo, amado hermano en Cristo, la sangre del Señor es poderosa, nos vuelve a Dios, nos limpia de todo pecado, no importa el pecado que haya cometido, el Espíritu nos constriñe y nos habla que debemos volver al principio, bendito es el Señor Jesucristo, nuestro DIOS que envió a su Hijo amado para morir por nosotros, el cordero perfecto aceptable a Dios, amigo y hermano hay esperanza para los hijos de Dios, la sangre de Cristo nos limpia d todo pecado, tan sólo debemos arrepentirnos, él está presto par recibirnos y normalizar la comunión amén, Siga adelante amigo no desmaye, nuestro enemigo ya le queda poco tiempo, tan sólo un poco más debemos resistir al maligno y huirá de nosotros amén aleluya!.

 

 2 MENSAJE.

SER LAS VÍRGENES HOY PARA SER LA ESPOSA EN AQUEL DÍA

 Esperamos que en cuanto al asunto del pecado la mayoría ya no tenga más problemas, a no ser que sean pecados ocultos que no han sido confesados, éstos deben ser confesados y para eso, debemos buscar al Señor para ser iluminados (Sal 19:12). Ahora si tenemos un corazón duro y nos negamos a confesar el pecado (1 Jn 1:9), Cuando el Señor venga y estemos delante de Su tribunal, seremos juzgados por ese pecado.

 Hay quienes no pudieron soportar la tentación y cayeron en pecado. Luego se arrepienten, y el Señor, por causa de su arrepentimiento los perdona. Sin embargo hay quienes caen en el mismo pecado y dicen: “Voy a desistir, soy un pecador. Soy salvo pero me esperan las tinieblas, pues no tengo esperanza”. No debemos pensar así. No importa cuantos pecados hayamos cometido o cuán grandes sean, si somos iluminados, nos arrepentimos y los confesamos, tenemos la garantía de la palabra de Dios, Él es fiel y justo para perdonarnos; además, tenemos la sangre d Jesús, del Hijo de Dios, que es eficaz y tiene poder para perdonar todos los pecados (v. 7).

 Desde que seamos iluminados acerca de nuestros pecados, por mayores que éstos sean, y no importando cuanto sean, debemos confesarlos, y el Señor nos perdonará (Pr 28:13).

 Delante de Dios estaremos sin pecado, la deuda habrá sido quitada, pero aún así podemos estar en deuda con las personas, puede haber algunos pecados entre nosotros y los hombres. Por ejemplo, si una persona mató a alguien, digamos que no fue un homicidio voluntario o a propósito, pero confiesa su pecado delante de Dios y se arrepiente cabalmente, por tanto, la sangre del Señor le limpia. Sin embargo, delante de la ley de los hombres, deberá ser juzgado. Dios le perdonó el pecado que cometió, delante de Él todo ya está limpio y borrado, pero ahora tendrá que ser juzgado por la ley humana.

 Dios es fiel y nos perdona todos los pecados de los cuales nos hemos arrepentido y confesado, pero los pecados ocultos y los que no hayan sido confesados serán un día manifiestos ( 1 Ti 5:24; Lc 12:2), ya sea en esta era, o delante del tribunal d Cristo.

 Por un lado, Dios es fiel, pero por otro, Él es justo. Él no puede simplemente ignorar el pecado como si nada ocurriera. Por eso todos tendremos que comparecer delante del tribunal de Cristo. Eso se relaciona a los pecados, homicidios, fornicación, mentira, engaños, todo eso está incluido. Esperamos que todos hayan resuelto estos asuntos antes de la venida del Señor ( 1Co 6:9-11; Ef 4:28).

 Cuando el Señor vuelva para juzgarnos, el criterio principal será, tener una vida de seguir al Señor y cuánto hemos negado nuestro yo. Delante del tribunal de Cristo, Él también verificará si ha quedado algo del yo en nosotros o cosa natural. Todo eso será juzgado en el tribunal de Cristo. Si aún vivimos en el alma caída y no eliminamos las cosas naturales, no podremos entrar en la manifestación del reino de los cielos; antes estaremos fuera de la gloria, en las tinieblas de afuera, donde será el lloro y el crujir de dientes.

 Unos de los criterios del juicio del Señor en Su tribunal será si ya hemos eliminado o no la vida del alma. Seremos juzgados según el criterio del crecimiento y madurez de vida. Si creemos en vida y maduramos, seremos aprobados en el juicio y entraremos en la manifestación del reino para disfrutar del gozo del Señor y de las bodas del Cordero por mil años.

Somos las vírgenes del Señor hoy, y seremos la novia en aquel día. Esas bodas serán una fiesta de bodas que durará mil años (Ap 20:4,6). Después de los mil años, todos los salvos serán la esposa del Cordero, dispuesta, vestida de lino finísimo, resplandeciente y puro, completamente sin pecado por toda la eternidad (21:2), amén.

 

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